La caída de cabello es algo que la mayoría de las personas experimentan en algún momento. Resulta que cada hebra tiene hasta siete años, antes de desprenderse para dar paso a una nueva.
Un estudio de Dyson* señala que es normal perder entre 50 y 100 cabellos al día, algo apenas perceptible, si se considera que una cabeza humana puede albergar hasta 150 mil cabellos en total.
No hay diferencia entre el pelo masculino y el femenino en términos de estructura o crecimiento; lo que sí varía es la velocidad y la cantidad de pérdida, influenciada por factores hormonales y genéticos.
Señales a tener en cuenta
Hay señales que indican que algo está pasando. Si nota que su melena se ha adelgazado significativamente, que el pelo se cae en mechones al ducharse o que aparecen zonas con menos densidad, podría ser momento de prestar atención.
La caída excesiva puede estar relacionada con varios factores. Entre ellos:
- Estrés emocional: más allá de situaciones traumáticas, el estrés cotidiano —cuando se acumula y no se maneja adecuadamente— puede desajustar el ciclo natural del pelo y favorecer su caída.
- Cambios hormonales: el embarazo, la menopausia o problemas tiroideos afectan el crecimiento capilar.
- Genética: la alopecia hereditaria es una de las causas más comunes de pérdida de cabello.
- Edad: con el tiempo, el cabello crece más lento y se vuelve más fino.
- Enfermedades: condiciones como la alopecia areata (un trastorno autoinmune), deficiencias nutricionales o tratamientos como la quimioterapia pueden afectar la densidad capilar.
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Fuera del alcance
Aunque muchas de las causas de la caída del pelo están fuera del control, hay mucho que sí puede hacerse para fortalecerlo y promover su crecimiento. Hábitos como llevar una dieta equilibrada, mantenerse activo para reducir el estrés, practicar técnicas de relajación o incluso masajes en el cuero cabelludo, pueden tener un impacto real en la salud capilar.
Es recomendable consultar con un profesional, si es conveniente complementar la dieta con vitaminas y minerales como A, C, D, E; hierro, zinc y biotina; que aportan los nutrientes necesarios para que el pelo crezca fuerte desde la raíz.
Lo que afecta el calor
Otro factor clave frente a la caída del cabello, es cómo se trata el pelo día a día -especialmente- cuando se usa calor. Las temperaturas extremas son una de las principales causas del daño capilar, ya que pueden alterar la estructura de las fibras de queratina, a partir de los 150 °C, debilitando el pelo desde su interior.
Si el calor supera los 230 °C, se rompen los enlaces disulfuro —los que le dan fuerza, elasticidad y forma—, provocando un daño profundo que lo vuelve más frágil, opaco y quebradizo.
Por eso es clave optar por herramientas que cuiden el pelo, evitando el calor extremo que puede comprometer su salud a largo plazo.
* Dyson, compañía global de investigación y tecnología.
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