Opinión
04 Feb, 2026

Sobre la integración y la unidad mundial

Confío en que la nueva alineación de fuerzas entre bloques de países terminará conteniendo las aventuras colonialistas de la potencia del norte.

Hace 40 años, mientras estudiaba en la Universidad de Caldas, recibimos con entusiasmo de Europa la noticia acerca de la firma en Luxemburgo y La Haya del Acta Única Europea de los 12 países miembros de la Comunidad Económica Europea que se dio aquel 17 de febrero. Este tratado internacional entró en vigor en 1987 y fue un gran paso en la creación, cinco años después, de la Unión Europea.

Supongo que la fecha no es muy recordada dada la trascendencia de los hechos que sucedieron a la firma del tratado, pero ese recuerdo vino a mi mente por estos días en que las actuaciones y pretensiones de una potencia como Estados Unidos acaban de poner en jaque al ya debilitado orden internacional y empuja al abismo al multilateralismo que había sido creado justamente para contribuir a la paz y librar a la humanidad de los excesos de dichas potencias.

Recuerdo en las paredes de la Universidad un afiche con un mensaje corto y potente que decía “Europa unida… Latinoamérica pegada” y estaba ilustrado con una imagen de Centro y Suramérica que claramente abogaba por un proyecto de integración y unidad latinoamericana que nos permitiera trabajar conjunta y articuladamente para superar las condiciones de subdesarrollo que por esos tiempos, y aún hoy, afectan a esta parte del continente.

Las polémicas declaraciones de intenciones y las actuaciones del presidente de Estados Unidos en relación con Groenlandia, Canadá, México, Venezuela, causan estupor y advierten el deterioro de la diplomacia y el respeto a la soberanía de los países para imponer unas formas que atentan contra la paz mundial.

Pero a la vez, y eso es lo que quiero resaltar, las tensiones generadas por dichas actuaciones también representan la oscuridad que permite visibilizar la luminosidad de nuevas formas de liderazgo y posturas humanistas que, estando en cabeza de figuras relevantes a nivel mundial, constituyen una fuente de esperanza en que el mundo puede ser diferente, más humano, más compasivo y solidario.

Especialmente inspiradores me resultaron los recientes discursos de Bill Gates en la celebración de los 50 años de El País; del director de dicho diario, Jan Martínez, en el mismo evento, y del primer ministro de Canadá, Mark Carney, en Davos. Fue este último quien dijo: “Las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú” y ahí fue cuando llegaron a mi mente los recuerdos de esos sueños de juventud universitaria en la que más o menos clamábamos por lo mismo.

Confío en que la nueva alineación de fuerzas entre bloques de países terminará conteniendo las aventuras colonialistas de la potencia del norte y mucho más confío en que las posturas humanistas de estos liderazgos emergentes terminarán inspirando nuevas agendas con las que se recompondrán el orden mundial, el sistema de ayudas a los países en desarrollo y se promoverá el fortalecimiento del sistema de justicia para asegurar la posibilidad de actuación oportuna en casos de violación de derechos humanos al interior de los países del mundo.

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Adenda: Hablando de unidad, integración y trabajo mancomunado, un gran motivo de orgullo y de celebración el nombramiento del manizaleño, doctor Germán Velásquez Arango como embajador itinerante para la salud mundial ante la ONU.