Elecciones decentes: recuperar la política con la gente y para la gente
Valores como la honestidad, la coherencia, la confianza y el compromiso con la gente no pueden dejarse tergiversar ni pervertir.
Ya había hablado de la estrategia del poder mafioso para vaciar de contenido la política como condición para mantener el poder fáctico: tergiversar o pervertir los conceptos asociados a ella. Así logran que la gente se aleje de la política porque no quieren ser clientelistas ni corruptos, o que no se piense en cambiar lo que hay, porque la palabra oposición terminó cargada de una fuerte connotación negativa. El efecto es claro: medio país prefiere apartarse de la política y la mayoría descarta la posibilidad de enfrentar esos poderes mafiosos -casi siempre ilegales- por puro y simple miedo.
Así las cosas, cambiar esa realidad se percibe como una opción arriesgada y peligrosa, no solo en términos físicos, sino también por las agresiones, las descalificaciones o la invisibilización de grupos y candidatos que no cuentan con los recursos económicos necesarios para competir con los “cacaos” que buscan su reelección o que aspiran a llegar con el respaldo de grupos económicos y clanes políticos regionales y nacionales.
Frente a ese panorama, la invitación a la ciudadanía es a darse permiso para tener criterio propio a la hora de decidir en quién delega su representación para la gestión de lo público. No hay duda del efecto de arrastre que generan los millones de pesos pagados a agencias de publicidad, los invertidos en redes y los destinados a medios de comunicación para posicionar candidaturas que buscan mantener lo mismo de siempre. Sin embargo, valores como la honestidad, la coherencia, la confianza y el compromiso con la gente no pueden dejarse tergiversar ni pervertir, hasta el punto de que una decisión tan importante como elegir presidente, senador o representante a la Cámara dependa de la cantidad de vallas que se paguen, de la fortaleza económica de los patrocinadores o del poder manipulador del clan político que los respalda.
Tengamos presente que las elecciones no son negocios particulares ni ferias de baratijas; son la oportunidad para decidir el modelo de sociedad que queremos para nosotros y para las generaciones futuras, y esa es una decisión profundamente personal. Es, además, la oportunidad de rebelarse contra la costumbre de convertir las elecciones en ferias de conciencias: el poder es personal e intransferible. Ejérzalo. No venda su apoyo ni lo regale al más publicitado o al corrupto que, como ya se sabe, “si paga para llegar, llega para robar”.
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Posdata. Un comentario de redes: Llama la atención la coincidencia de eslogan entre algunos candidatos caldenses “de izquierda” y campañas de derecha como la de Sergio Fajardo, en las que la palabra mayoría es el eje de la propuesta. ¿Preparando caminos?